martes, 5 de marzo de 2013

Poderes de choke

  1. Texto. Poderes de choque
El poder político en las sociedades humanas parece estar desde sus orígenes presente, cualquier sociedad establece ciertos grados jerárquicos, funciones para unos u otros. Vivimos bajo el régimen de un estado en nuestra época, en este territorio al que denominamos Argentina. No siempre fue así, está claro, pero si es claro que desde que tenemos noticias de pobladores de este territorio siempre fue gente gobernada por alguien o algunos pocos. Parece una condición sine qua non en todo grupo humano. Se trata de una necesaria, fatigosa y penosa organización de nuestra sociedad.
Y si nos detenemos a pensar en nuestro gobierno, en nuestro sistema estatal, en la forma en la cual se establece tal gobierno, el de ahora, el de nosotros o el de los antiguos pobladores de esta región y llegamos nuevamente también a coincidir en la constante necesidad de cambios en los mencionados regímenes de poder. Y ¿por qué? Porque sencillamente son imperfectos y terminan degenerando o corrompiéndose por más nobles que hayan sido los principios que lo idearon.
Lo que la antigua Grecia vio como la necesidad de un nuevo espíritu en la polis no ha dejado de estar vigente para nosotros. Nuestra realidad exige cambios paulatinos de nuevos aires, de ¡buenos aires! De un nuevo espíritu que sepa adoptar desde su misma constitución intrínseca un espíritu justo, uno que busque establecer la promoción total de sus pobladores, sin desigualdades, con auténtica isonomía, bajo un orden de promoción y no de exclusión.
El λόγος fue estableciendo cambios en las polis antiguas en cuanto que se empezó a buscar una lógica, una argumentación sustentada bajo razones comunes, bajo una ética. De ahí que la palabra fue tomando rigor e importancia para forjar consentimientos, en definitiva, para forjar poder. Ya no hay caprichosos brujos que aducen tener en sus bocas verdades divinas reveladas por los mismos dioses y que en el fondo no es más que la voluntad de poder de unos pocos a favor de esos mismos pocos, convirtiéndose así en privilegiados. Los intereses se entremezclan en la sociedad, las voluntades pujan unas a otras buscando beneficios sectoriales y es por eso que la ética política se establece como ley, como canon de conductas.
Ahora bien, una vez establecidas las leyes como reguladoras del poder nos preguntamos ¿Quiénes hacen esas leyes? Los letrados, los bien educados, los políticos. Es entonces cuando surgen la educación y la cultura como necesidad para el pueblo, justamente para que él pueda discernir el desempeño de sus funcionarios públicos porque tan pronto como la población ignore los principios de una ética común, los políticos sin duda caerán en la tentación de establecer impunemente una ética falsa y acomodada a sus propios intereses sectoriales.
La herramienta más hábil en estos tiempos para un sistema de poder viene de la mano de la publicidad, ya que, mediante la publicidad los gobiernos crean una falsa realidad, una máscara que les permita tener contenidos a sus gobernados, adormitándolos o bien podríamos decir como anestesiándolos frente a los atropellos y torpezas cometidas en sus funciones. La publicidad hace público aquello que ellos quieren que la gente sepa o crea y de esa manera controlar sus conductas, orientarlas simplemente para permanecer más tiempo en el poder.
La voluntad de poder está escondida al público, se guarda como un misterio al cual acceden en la realidad unos pocos (en proporción al total). Los poderes económicos que impulsan leyes se esconden bajo sociedades anónimas, logrando con más formas como esta, no ser susceptibles de respuestas en contra. Son personas “enmascaradas” que gozan de altos beneficios a través de una despersonalización, una apariencia fantasma. Un caso de estos días que manifiesta esto en nuestro país tranquilamente lo es el caso de la imprenta Ciccone en donde en medio de un proceso de expropiación nadie sabe quién es el dueño o principal accionista.
El desfile de corrupción política es interminable, gobierno tras otro que expone a sus mejores ejemplares. El pueblo es rehén de los poderes y siempre debe estar atento a manipulaciones sectoriales. De ahí que la educación sea importante para nuestra calidad de nación, de nuestra calidad de ciudadanos, en definitiva, de seres humanos.
Algunas naciones ponen precio para otorgar la ciudadanía a sus habitantes y ese precio muchas veces es tan alto que ponen en riesgo sus propias vidas. Es el caso de habitantes de nacionalidad mexicana en EE.UU que tuvieron la “oportunidad” de alcanzarla mediante el alistamiento en las fuerzas armadas para salir en campaña hacia medio oriente y ubicarse por un tiempo indeterminado en el corazón de un conflicto bélico. Nos preguntamos si es lícito a un gobierno hacer este tipo de ofertas a personas aprovechando las necesidades básicas que tiene cierto sector poblacional. Más grave se pone esta situación considerando de quien viene tal propuesta, EE.UU, la nación que se hace llamar la “defensora de los derechos humanos”.
Seguramente no, pero se lleva a cabo mediante todo un aparato publicitario a través de los medios de prensa y el aval de sectores religiosos que promueven, con fundamentaciones o no, de tipo teológicas todas estas prácticas. Los sectores religiosos son vastos en nuestros días, hay religiones o sectas o pseudo religiones que están ofertando la salvación eterna.


No excluimos a ningún ámbito religioso en nuestra crítica y debemos también decir que no estamos en contra de sus respectivos sistemas dogmaticos. Los ámbitos dogmaticos no son competencia nuestra, en principio, pero si todo aquel comportamiento humano inspirado y promovido por la religiones, ya que, tienen directa consecuencia en la sociedad que habitamos y por tanto son cuestiones públicas.
Sin duda, los casos más emblemáticos, se tratan de los que actúan directamente en medio oriente hoy día. Por un lado un estado israelita que expande sus territorios justificándose a sí misma en las sagradas Escrituras que hablan de un territorio dado por el mismo Dios a ellos, el pueblo elegido. Esto se realiza a mano armada, con altísima capacidad bélica, financiada desde la diáspora judía de todo el mundo, principalmente EE.UU.
Los “soldados de Dios”, ciudadanos de otras naciones, provienen de todo el mundo a restablecer la sagrada tierra santa. Ahora nosotros nos preguntamos ¿sí es correcto exigir una tierra que hace milenios que se ha abandonado? Y por sobre todas las cosas ¿sí es lícito o razonable tener como canon de acción bélica textos que se contradicen a sí mismos en cuanto a límites geográficos o cartográficos? Textos forjados en tiempos en donde ni siquiera existía el papel como medio de escritura, sino que usaban pergaminos en el mejor de los casos, textos forjados para sostener y divulgar principalmente una creencia, una fe. Sin duda estos acontecimientos nos retrotraen a las cruzadas católicas. Todo esto se sostiene mediante un poder religioso que mantiene relaciones (incestuosas) con el poder político.
Otra mención obvia de nuestros tiempos la debemos a los fundamentalistas del Islam que se desprenden en sectas con objetivos netamente políticos y llevan a los extremos sus intereses promoviendo desde la religión la inmolación “sagrada”. Exigen a sus feligreses sus propias vidas en pos de liberaciones o conquistas nacionales. Esto es atroz y no tiene nada que ver con forjar autenticas sociedades de respeto y promoción humana, con nuevos aires para la polis. jim



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