- Texto. Poderes de choque
El
poder político en las sociedades humanas parece estar desde sus
orígenes presente, cualquier sociedad establece ciertos grados
jerárquicos, funciones para unos u otros. Vivimos bajo el régimen
de un estado en nuestra época, en este territorio al que denominamos
Argentina. No siempre fue así, está claro, pero si es claro que
desde que tenemos noticias de pobladores de este territorio siempre
fue gente gobernada por alguien o algunos pocos. Parece una condición
sine
qua non
en todo grupo humano. Se trata de una necesaria, fatigosa y penosa
organización de nuestra sociedad.
Y
si nos detenemos a pensar en nuestro gobierno, en nuestro sistema
estatal, en la forma en la cual se establece tal gobierno, el de
ahora, el de nosotros o el de los antiguos pobladores de esta región
y llegamos nuevamente también a coincidir en la constante necesidad
de cambios en los mencionados regímenes de poder. Y ¿por qué?
Porque sencillamente son imperfectos y terminan degenerando o
corrompiéndose por más nobles que hayan sido los principios que lo
idearon.
Lo
que la antigua Grecia vio como la necesidad de un nuevo espíritu en
la polis no ha dejado de estar vigente para nosotros. Nuestra
realidad exige cambios paulatinos de nuevos aires, de ¡buenos aires!
De un nuevo espíritu que sepa adoptar desde su misma constitución
intrínseca un espíritu justo, uno que busque establecer la
promoción total de sus pobladores, sin desigualdades, con auténtica
isonomía, bajo un orden de promoción y no de exclusión.
El
λόγος fue estableciendo cambios en las polis antiguas en cuanto
que se empezó a buscar una lógica, una argumentación sustentada
bajo razones comunes, bajo una ética. De ahí que la palabra fue
tomando rigor e importancia para forjar consentimientos, en
definitiva, para forjar poder. Ya no hay caprichosos brujos que
aducen tener en sus bocas verdades divinas reveladas por los mismos
dioses y que en el fondo no es más que la voluntad de poder de unos
pocos a favor de esos mismos pocos, convirtiéndose así en
privilegiados. Los intereses se entremezclan en la sociedad, las
voluntades pujan unas a otras buscando beneficios sectoriales y es
por eso que la ética política se establece como ley, como canon de
conductas.
Ahora
bien, una vez establecidas las leyes como reguladoras del poder nos
preguntamos ¿Quiénes hacen esas leyes? Los letrados, los bien
educados, los políticos. Es entonces cuando surgen la educación y
la cultura como necesidad para el pueblo, justamente para que él
pueda discernir el desempeño de sus funcionarios públicos porque
tan pronto como la población ignore los principios de una ética
común, los políticos sin duda caerán en la tentación de
establecer impunemente una ética falsa y acomodada a sus propios
intereses sectoriales.
La
herramienta más hábil en estos tiempos para un sistema de poder
viene de la mano de la publicidad, ya que, mediante la publicidad los
gobiernos crean una falsa realidad, una máscara que les permita
tener contenidos a sus gobernados, adormitándolos o bien podríamos
decir como anestesiándolos frente a los atropellos y torpezas
cometidas en sus funciones. La publicidad hace público aquello que
ellos quieren que la gente sepa o crea y de esa manera controlar sus
conductas, orientarlas simplemente para permanecer más tiempo en el
poder.
La
voluntad de poder está escondida al público, se guarda como un
misterio al cual acceden en la realidad unos pocos (en proporción al
total). Los poderes económicos que impulsan leyes se esconden bajo
sociedades anónimas, logrando con más formas como esta, no ser
susceptibles de respuestas en contra. Son personas “enmascaradas”
que gozan de altos beneficios a través de una despersonalización,
una apariencia fantasma. Un caso de estos días que manifiesta esto
en nuestro país tranquilamente lo es el caso de la imprenta Ciccone
en donde en medio de un proceso de expropiación nadie sabe quién es
el dueño o principal accionista.
El
desfile de corrupción política es interminable, gobierno tras otro
que expone a sus mejores ejemplares. El pueblo es rehén de los
poderes y siempre debe estar atento a manipulaciones sectoriales. De
ahí que la educación sea importante para nuestra calidad de nación,
de nuestra calidad de ciudadanos, en definitiva, de seres humanos.
Algunas
naciones ponen precio para otorgar la ciudadanía a sus habitantes y
ese precio muchas veces es tan alto que ponen en riesgo sus propias
vidas. Es el caso de habitantes de nacionalidad mexicana en EE.UU que
tuvieron la “oportunidad” de alcanzarla mediante el alistamiento
en las fuerzas armadas para salir en campaña hacia medio oriente y
ubicarse por un tiempo indeterminado en el corazón de un conflicto
bélico. Nos preguntamos si es lícito a un gobierno hacer este tipo
de ofertas a personas aprovechando las necesidades básicas que tiene
cierto sector poblacional. Más grave se pone esta situación
considerando de quien viene tal propuesta, EE.UU, la nación que se
hace llamar la “defensora de los derechos humanos”.
Seguramente
no, pero se lleva a cabo mediante todo un aparato publicitario a
través de los medios de prensa y el aval de sectores religiosos que
promueven, con fundamentaciones o no, de tipo teológicas todas estas
prácticas. Los sectores religiosos son vastos en nuestros días, hay
religiones o sectas o pseudo religiones que están ofertando la
salvación eterna.
No
excluimos a ningún ámbito religioso en nuestra crítica y debemos
también decir que no estamos en contra de sus respectivos sistemas
dogmaticos. Los ámbitos dogmaticos no son competencia nuestra, en
principio, pero si todo aquel comportamiento humano inspirado y
promovido por la religiones, ya que, tienen directa consecuencia en
la sociedad que habitamos y por tanto son cuestiones públicas.
Sin
duda, los casos más emblemáticos, se tratan de los que actúan
directamente en medio oriente hoy día. Por un lado un estado
israelita que expande sus territorios justificándose a sí misma en
las sagradas Escrituras que hablan de un territorio dado por el mismo
Dios a ellos, el pueblo elegido. Esto se realiza a mano armada, con
altísima capacidad bélica, financiada desde la diáspora judía de
todo el mundo, principalmente EE.UU.
Los
“soldados de Dios”, ciudadanos de otras naciones, provienen de
todo el mundo a restablecer la sagrada tierra santa. Ahora nosotros
nos preguntamos ¿sí es correcto exigir una tierra que hace milenios
que se ha abandonado? Y por sobre todas las cosas ¿sí es lícito o
razonable tener como canon de acción bélica textos que se
contradicen a sí mismos en cuanto a límites geográficos o
cartográficos? Textos forjados en tiempos en donde ni siquiera
existía el papel como medio de escritura, sino que usaban pergaminos
en el mejor de los casos, textos forjados para sostener y divulgar
principalmente una creencia, una fe. Sin duda estos acontecimientos
nos retrotraen a las cruzadas católicas. Todo esto se sostiene
mediante un poder religioso que mantiene relaciones (incestuosas) con
el poder político.
Otra
mención obvia de nuestros tiempos la debemos a los fundamentalistas
del Islam que se desprenden en sectas con objetivos netamente
políticos y llevan a los extremos sus intereses promoviendo desde la
religión la inmolación “sagrada”. Exigen a sus feligreses sus
propias vidas en pos de liberaciones o conquistas nacionales. Esto es
atroz y no tiene nada que ver con forjar autenticas sociedades de
respeto y promoción humana, con nuevos aires para la polis. jim
huevada cósmica
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